
Hace mucho tiempo conocí a una persona tímidamente normal, cuya mirada siempre fue extraña y siempre se sintió desadaptada. Siempre buscaba algo en qué refujiarse y cobijarse de la oscura mente que tenía, aparentando ser normal, pues su familia desaprobaba cada movimiento que realizaba, más aún cada sentimiento era reprimido de su fuero interno y nunca se escapó algo de su boca de corazón, que no fuera lo que ellos deseaban oír.
Hace mucho tiempo, la muchacha de apariencia tímida, asimétricamente extraña, opuesta a lo normal y caóticamente bella, conoció a otra muchacha, de mirada similar, pero amable por la vida, de sonrisa apacible y suave caminar, se hicieron amigas, y el tiempo las ayudó, se conocieron a fondo, conversando nimiedades, y compartiendo hasta el más oscuro y loco sueño...
Hace mucho tiempo la amiga de la bella rareza se esfumó, le dió la espalda y desapareció de su vida anormal, dejando a la pobre muchacha llena de amargura, de ironizante alegria, y más aún... soledad.
Hace mucho tiempo la muchacha no tenía vida, las lámparas calejeras eran oscuras para ella, no destellaban luz en su rostro pálido, en sus ojos no había chispa, era como si su alma hubiere dejado su cuerpo, convirtiéndose en algo que jamás quiso ser, algo completamente opuesto a sus anhelos aristotélicos.
Hace mucho tiempo, la niña vagaba por la vida, sin nada más que una tenue luz que le alentaba a vivir, hasta que alguien nuevamente apareció, era de nuevo una muchacha, que le alegraba la vida, nuevamente la vida sonreía, volvía a desear seguir adelante, ya no estaba sola, tenía con quien charlar, tenía con quien reír en su diario vivir, pero lo bueno nunca dura, como dice el refrán...
Hace mucho tiempo la vida de la muchacha de belleza lacónica desapareció, se esfumó, se estrelló, su vida fué insignificante, pues su nueva amistad nunca retornó...
Hace mucho tiempo fuí alguien, hace mucho tiempo anhele vivir, hoy solo soy un suspiro de aquello que alguna vez fuí, y hoy me desmayo... caigo...
Hace mucho tiempo, la muchacha de apariencia tímida, asimétricamente extraña, opuesta a lo normal y caóticamente bella, conoció a otra muchacha, de mirada similar, pero amable por la vida, de sonrisa apacible y suave caminar, se hicieron amigas, y el tiempo las ayudó, se conocieron a fondo, conversando nimiedades, y compartiendo hasta el más oscuro y loco sueño...
Hace mucho tiempo la amiga de la bella rareza se esfumó, le dió la espalda y desapareció de su vida anormal, dejando a la pobre muchacha llena de amargura, de ironizante alegria, y más aún... soledad.
Hace mucho tiempo la muchacha no tenía vida, las lámparas calejeras eran oscuras para ella, no destellaban luz en su rostro pálido, en sus ojos no había chispa, era como si su alma hubiere dejado su cuerpo, convirtiéndose en algo que jamás quiso ser, algo completamente opuesto a sus anhelos aristotélicos.
Hace mucho tiempo, la niña vagaba por la vida, sin nada más que una tenue luz que le alentaba a vivir, hasta que alguien nuevamente apareció, era de nuevo una muchacha, que le alegraba la vida, nuevamente la vida sonreía, volvía a desear seguir adelante, ya no estaba sola, tenía con quien charlar, tenía con quien reír en su diario vivir, pero lo bueno nunca dura, como dice el refrán...
Hace mucho tiempo la vida de la muchacha de belleza lacónica desapareció, se esfumó, se estrelló, su vida fué insignificante, pues su nueva amistad nunca retornó...
Hace mucho tiempo fuí alguien, hace mucho tiempo anhele vivir, hoy solo soy un suspiro de aquello que alguna vez fuí, y hoy me desmayo... caigo...
La imagen, es un rabado de Goya.